Mi nombre es Iliana Capllonch, tengo 53 años recién cumplidos y quiero contar mi experiencia sobre mi estado de salud mental durante estos últimos meses.
Tras años dedicándome a cuidar de los demás —por circunstancias de la vida y por mi propia naturaleza— me descuidé a mí misma sin ser realmente consciente de ello. En mi historial médico consta un diagnóstico de trastorno ansioso-depresivo reactivo desde hace años, controlado por mi médico de familia. Sin embargo, nunca había llegado al estado en el que me encontré este pasado verano.
Venía acumulando varios años complicados, especialmente en el ámbito familiar. Mi padre falleció el pasado mes de febrero tras una larga enfermedad oncológica. A ello se sumaba una alta carga laboral y responsabilidades familiares. Mi entorno ya me advertía de que no me veía bien, pero yo comencé a desoír esas señales y a desconectarme de lo que mi propio cuerpo intentaba decirme. Empecé a sentir un cansancio extremo: solo tenía fuerzas para ir a trabajar y, al llegar a casa, necesitaba tumbarme en el sofá. Prefería estar sola y llorar, sufría contracturas musculares, aumenté de peso y vivía con un miedo constante. Mis pensamientos entraban en bucle, me costaba concentrarme y mis relaciones laborales y personales se volvían cada vez más difíciles, lo que hacía que me sintiera aún peor.
A mediados de julio solo deseaba que llegara agosto para descansar, pero una mañana me levanté, me pesé y comprendí que había tocado fondo. Decidí pedir ayuda. Busqué una psiquiatra, ya que había tenido malas experiencias previas tanto en psicología como en psiquiatría, y así se lo hice saber a la Dra. Nieves Mesa en nuestra primera visita. Paralelamente contacté con una entrenadora nutricionista online, Mónika, para iniciar un cambio integral.
A finales de julio, la Dra. Mesa me recomendó solicitar la baja laboral porque no me encontró bien. Inicié entonces un tratamiento quincenal y un ajuste en la medicación.
Desde el primer día me sentí acogida en su consulta. Desde aquella primera entrevista supe que iba por el buen camino y que había encontrado a la persona adecuada por su empatía, su manera de enfocar la sesión y su forma de plantear el tratamiento.
Pedir ayuda parece sencillo, pero es lo más difícil: aceptar tu vulnerabilidad, admitir que necesitas apoyo, reconocer que no puedes más y que debes parar porque el aire ya no te llega a los pulmones y se queda atascado en la garganta. Entrar en consulta y explicar lo que te sucede también da miedo; no sabes por dónde empezar. Pero la Dra. Mesa me lo puso fácil. Algo que valoro muchísimo es que me explicaba, en cada sesión, el porqué de lo que me pasaba a nivel biológico, respondiendo así a preguntas que llevaba años sin entender. Su compasión, comprensión, explicaciones y palabras de aliento me hicieron tomar conciencia de que parte del problema era cómo me trataba a mí misma. No era consciente de mis propias necesidades, que mi cuerpo llevaba tiempo intentando señalizar. En algunos momentos incluso me regañó, porque yo misma no aceptaba que necesitaba desconectar y descansar; me autoestigmatizaba. Ella me ayudó a comprender que no era así, que había perdido la conexión conmigo misma, que debía recuperarla y que era posible.
Gracias a las sesiones con la Dra. Mesa, las tareas que me encomendaba, la medicación, mi esfuerzo personal, la ayuda de Mónika y el apoyo de quienes han estado a mi lado durante estos tres duros meses, siento que estoy iniciando una nueva etapa. Me siento más fuerte, he aprendido a reconocer que existo y que debo cuidarme para poder disfrutar de la vida. Cuidarse no es solo algo físico: también lo es a nivel mental, y es la clave para vivir plenamente.
Hace unos días, la Dra. Mesa me dio el alta respecto a la situación que me llevó a buscar ayuda y me felicitó por la gran resiliencia que había demostrado y por el trabajo realizado. Le respondí que era gracias a ella, y me contestó que, aunque la guía es importante, si yo no hubiera pedido ayuda y trabajado tanto, la mejoría no habría sido tan rápida. No obstante, ambas hemos decidido continuar con una sesión mensual para tratar temas que aún quedan por cerrar y que podrían provocar una recaída que deseo evitar.
También quiero agradecer a Mónika el programa que me ofreció y su apoyo constante, que me han permitido recuperar la energía perdida y lograr una importante pérdida de peso. Me ha enseñado a cuidarme desde la nutrición y el ejercicio adaptado a mis circunstancias y edad. Ella también ha reconocido el cambio que ha visto en mí desde que empezamos a trabajar juntas, y pienso continuar con ella.
Tres meses pueden parecer poco, pero para mí han sido una eternidad. Si hablamos de un renacer, el tiempo es relativo. Lo que sí tengo claro es que aún queda mucho por hacer en el ámbito —todavía tabú— de la salud mental, especialmente cuando el propio paciente se autoestigmatiza y se culpa cuando, en realidad, está enfermo. Como en cualquier otra enfermedad, con el tratamiento adecuado y tiempo, se puede sanar.
Reconocer que algo va mal, pedir ayuda y dar con la persona adecuada es vital. Y reconozco que, aunque yo haya trabajado mucho, sin la Dra. Mesa mi recuperación no habría sido la misma. Queda camino por recorrer, pero mi mochila pesa mucho menos que hace apenas tres meses.
Palma, 19 de noviembre de 2025